
Pirene era la encantadora hija del Jefe de la tribu que habitaba en medio de frondosos bosques, donde la tranquilidad era ley. Tanta era su hermosura que, incapaz de permanecer en el interior, traspasaba sus poros para unirse y mejorar su entorno. Incluso algunos la hacían hija de las Pléyades, incrédulos ante tanta belleza.
Hercules supo de ella, y quedo enamorado como solo hacen los dioses. Con locura. Hasta tal punto que atemorizo a Pirene, a la que no dejo otra via que esconderse de su delirio.
Hercules la busco metodicamente por el globo, mientras ella se entristecia protegiendo su belleza y razón entre los bosques.
No se puede engañar a los dioses para siempre, así que poco a poco Hercules se acercaba. En un amago de prepotencia cortó de un golpe la tierra separando la peninsula del continente, juntando oceano y mar.
Pirene, asustada, encendió un gran fuego para hacer mas dificil la búsqueda. Lloró como solo lloran las bellezas. Hasta morir.
Hercules la encontró, sin vida, exhausta de llanto. Dandose cuenta de la hermosura de Pirene aún despues de el llanto que él mismo le habia provocado, quiso que tubiera un reposo acorde con su belleza.
Fue así como empezo a poner piedras, una sobre otra, para que nadie mas molestara el reposo de la que un dia fué causa de su delirio. Ser dios no es garantia de cordura.
Tantas piedras llegó a mover que cicatrizó el canal abierto, y lo hizo crecer hasta formar las montañas donde vivo. Cuando acabó, su rábia contenida le hizo llorar. No como Pirene, los dioses no mueren de llanto. Pero sus lágrimas sirvieron para salpicar de lagos toda la zona. Lagos que servirian para que las flores crecieran recordando que Pirene aún sigue allí.
Por caprichos del viento, la lluvia y el frio, aún hay una cresta que se ve bajando de Sort hacia La Pobla de Segur, siguiendo la carretera vieja, que recorta la figura de Pirene durmiendo dulcemente.
Crecida como leyenda, se le llama "La geganta que dorm"